Prefiero las mañanas

Los carros pasan como la vida,
destornillando amores por las autopistas,
deshaciéndose de los que imitan a la noche.
Pienso en tu ángel vagabundo que desafía grandes impurezas,
y no cree en las miradas del mar
Entre ruidos y espermatozoides asimilo tus gritos,
lloriqueos antimisiles de indiscutibles aperturas.
No soy un maestro de ceremonias que tortura tu imagen  
y sólo piensa en el espasmo,
en los órganos de tu vértebra de orgías,
hojas húmedas 
o secas 
o viceversa,
fabricando tus mayores arrepentimientos.
Sin embargo, o con embargo,
embargo las lunas hacia tu puerta.
Tiernos secretos convierten a este humilde servidor de tus aguas;
en lo astronómico. 
Desde este instante paso a ser tu aliento,
ensancho tus parábolas,
tus otras sombras que me cuidan de los portales azules,
egoístas,
que colaboran con la permanencia de tu cuerpo a mis axilas,
y pide a cada rato una entrevista a la inquietud de amarnos como siempre.
Prefiero ser rocío de esta flor que por las mañanas se baña de mí sin vacilaciones.

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