Los carros pasan como la vida, destornillando amores por las autopistas, deshaciéndose de los que imitan a la noche. Pienso en tu ángel vagabundo que desafía grandes impurezas, y no cree en las miradas del mar Entre ruidos y espermatozoides asimilo tus gritos, lloriqueos antimisiles de indiscutibles aperturas. No soy un maestro de ceremonias que tortura tu imagen y sólo piensa en el espasmo, en los órganos de tu vértebra de orgías, hojas húmedas o secas o viceversa, fabricando tus mayores arrepentimientos. Sin embargo, o con embargo, embargo las lunas hacia tu puerta. Tiernos secretos convierten a este humilde servidor de tus aguas; en lo astronómico. Desde este instante paso a ser tu aliento, ensancho tus parábolas, tus otras sombras que me cuidan de los portales azules, egoístas, que colaboran con la permanencia de tu cuerpo a mis axilas, y pide a cada rato una entrevista a la inquietud de amarnos como siempre. Prefiero ser rocío de esta flor que por las ...