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También en esta historia hablan los peses.

  Alimentar viperinos peces que te susurran al oído, que se escogen uno a los otros para decidir quién conducirá el tiempo, quién irá a la deriva con los puños cerrados a maltratar a los egoístas que nacieron así y nada más; no es calumniar al anfitrión de la naturaleza, crucificar una vez más al Jesús de la calle 24, ni despintar los cuadros de mi padre;  Los peces son peregrinos que se nos derraman en nuestros brazos y piden ayuda para la paloma que enterraron viva. También hablan de historias, fugitivos de estas aves que condenaron a exilio el volante de los barcos, hoy no duermen, sólo bostezan cuando el sol en sus escamas forma un arcoíris ineludible.

Resurrección.

Voy rumbo a la vida. El pan no se busca en el mismo lugar. Espero el instante del silencio; los ancianos que miden la vida, jóvenes que subastan corazones, reloj de minuteros oxigenados, ausentes, ya incorregibles. Soy un naufrago de cometas maquiavélicos, oscuridades para los que ascienden en la luz, un incógnita que desaparece sin importarle el mañana. En mi secreto no hay edificios para jugar a matrimonios, ni sanitarios desempleados por las escaleras. Los gatos aprendieron la tristeza de un niño. Yo; la estancia de una tierra en la que soy uno más.

Sobre las mesas.

Escribir es un mito, donde los límites se pierden sin haber encontrado quién conduce el tiempo. El cuadro hecho poesía me transfiere la incertidumbre de apagar la palabra, la corriente, la luz perdida. Me encuentro entre parámetros de líneas discontinuas, Ya escribir no es poesía, ni novelas que acarician la memoria, Escribir es palabra que nos sobrepone, es plasmar una historia sobre los zapatos de un sabio.

La pared suicida.

Dormir en mi pared de estampas y acordeones, purificar la miel de esa luz incoherente que por tu ventana se ha alejado de mi estatura, de los perros que me persiguen con temor al mañana, Sí, lo afirmo; estoy en tus senos y los días posteriores a mi regreso. Dormir en tu pared de discípulos guerreros es contactar el mundo, que en tus brazos conoce el refrán de la buena palabra, las ferias tumultuosas que acorralan al infante, y raíces que nos mezclan con los otros, aquellos que ven la tierra en sueños de piratas comiéndose el suelo que fabrican los perturbantes insecticidas, los pasos que el viento se mastica de vez en cuando, sí, lo reintegro a mis mudas palabras, dormir en tu pared de pupilas imaginarias; es crear un vientre con la vanidad de los muertos.