También en esta historia hablan los peses.
Alimentar viperinos peces que te susurran al oído,
que se
escogen uno a los otros
para
decidir quién conducirá el tiempo,
quién irá
a la deriva con los puños cerrados a maltratar a los egoístas
que
nacieron así y nada más;
no es
calumniar al anfitrión de la naturaleza,
crucificar
una vez más al Jesús de la calle 24,
ni
despintar los cuadros de mi padre;
Los peces
son peregrinos que se nos derraman en nuestros brazos
y piden
ayuda para la paloma que enterraron viva.
También
hablan de historias,
fugitivos
de estas aves que condenaron a exilio el volante de los barcos,
hoy no
duermen,
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